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martes, 3 de septiembre de 2013


QUE ES EL HOMBRE

 El hombre definido como un ser social, político o animal sin plumas pretende ser separado de los demás seres, a saber: los animales, las plantas, los ángeles, los dioses…Con base en las diferentes definiciones de su esencia, el hombre establece sus límites, su comportamiento, su manera de relacionarse con el mundo físico y el divino, acepta o rechaza responsabilidades, se vuelve un ser obediente o en un ser creador que construye las reglas de su vida.
Se puede decir que todos los filósofos trataron y tratan de contestar esta pregunta según su perspectiva. Para los presocráticos, el hombre en su aspecto subjetivo es el sujeto cognoscente, voluntario o moral y en su aspecto objetivo una porción del cosmos.

Platón definía al hombre, en forma jocosa, como un bípedo implume, los estoicos y luego los escolásticos, pensaban que el hombre es un animal razonable.

Para Aristóteles el hombre es un animal político, un animal que habla.

Para Rabelais, el hombre es un ser que ríe, para Descartes un ser que piensa, para Kant, un ser que juzga, para Marx, un ser que trabaja y para Bergson, un ser que crea.

Estas definiciones son limitadas porque no llegan a abarcar la realidad humana con fidelidad ni tampoco con justicia; porque el hombre no se puede definir por lo que hace sino por lo que es. El hombre es ante todo una especie animal, es un mamífero que pertenece al orden de los primates, a la familia de los homínidos, al género homo, a la especie sapiens, nacido de un hombre y de una mujer, con derechos y obligaciones. El hombre es un hecho y una especie que se puede convertir en valor y en virtud. Sartre decía que el hombre está condenado a inventarse a sí mismo pero no desde la nada.

El hombre, decía Spinoza, forma parte de la naturaleza y sigue su orden aunque parezca lo contrario, forma parte de la historia que él mismo construye y que lo hace a él, forma parte de una sociedad, de una época, de una civilización.
Es un animal que sabe que va a morir, que tiene impulsos, pasiones, fantasmas iras, y tanta violencia, tanto miedo, tantos deseos que lo hacen peligroso para él mismo, para los demás y para el mundo.
El hombre no es la suma de las partes, ni la división de alma y cuerpo. No es tampoco solo alma (racionalismo), ni solamente cuerpo (empirismo). La naturaleza del hombre, tampoco puede quedar a merced de un punto de vista subjetivo, que se traduce en el parecer de cada quien. Sean cual fueran las diversas posturas, la naturaleza humana en sí, tiene una objetividad intrínseca, un valor por sí misma. Una finalidad que surge de las mismas potencialidades espirituales humanas (inteligencia y voluntad), y un determinado modo de manifestarse en el mundo según sea mujer u hombre. Captar esto nos hace capaces de entender el gran reto de todo ser humano por alcanzar el ideal de excelencia humana.
No podemos entender al hombre en términos idealistas, ni tampoco reducirlo, a un enmarañado de instintos de estímulo y respuesta, porque comparte como los animales un sistema sensitivo. El hombre no es solo cuerpo. No tiene un sistema cerrado. El hombre por eso es más que su propia naturaleza, y es más que cuerpo y alma, porque no ha venido al mundo configurado, ni determinado, sino todo lo contrario, libre. Con la libertad, el hombre no solo es capaz de lograr mejoras en su ser y elevar su naturaleza humana, sino que es capaz además de encontrar respuestas en el mismo carácter antropológico de su ser. Es capaz de preguntarse por su existencia, por el sentido de su vida, por su condición de persona, por su trascendencia.
Sin embargo, la situación de la persona es que su ser se aparece como unido a un cuerpo.
Muchas veces podemos experimentar de manera vivencial la contradicción de nuestro ser con nuestro cuerpo. La disyuntiva casi tácita, del deber con el querer. Son los típicos casos cuando la conciencia nos aconseja la norma y el cuerpo nos violenta con la negación. O de lo contrario, el imperio autosuficiente de la razón que contradice lo que el cuerpo hace o pide. Estas experiencias normales en la naturaleza humana, nos permiten afirmar que en la existencia, además de ser encarnada, existen dos tipos de relación diferente de mi ser con el cuerpo y la conciencia. “La primera relación se establece cuando el cuerpo es dado a la conciencia espacialmente. La segunda surge cuando el cuerpo propio es dado como experiencia interna”. Es decir, la primera surge cuando experimento que mi cuerpo está instalado en el mundo. La segunda surge cuando soy consciente de que mi cuerpo es la manifestación de mi yo.

Karl Popper (1902-_ ) afirma que todos los hombres tienen una filosofía, sabiéndolo o sin saberlo. Admitamos que todas estas filosofías nuestras no sean muy valiosas. Pero su influencia sobre nuestro pensamiento y nuestra actuación a menudo es desoladora. Por lo que se hace necesario un análisis crítico de nuestras filosofías. Esa es la tarea de la filosofía. Así como cada uno tiene su filosofía, también cada cual tiene (generalmente sin saberlo) su teoría del conocimiento; y hay muchas razones para pensar que nuestras teorías epistemológicas influyen decisivamente en nuestras filosofías. Su pregunta básica es ésta: ¿Podemos saber algo?... La respuesta no es pesimista, relativista ni escéptica; muestra que podemos aprender de nuestros errores. Es posible una aproximación a la verdad.Nuestro saber es una consulta crítica, un nido de hipótesis, un trenzado de suposiciones.                 

2 comentarios:

  1. el hombre es un ser individual y social que tiene de por si distintas dimensiones que lo ayudan a evolucionar constantemente para así lograr transformar el medio en el que se desarrolla

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  2. el hombre es un ser individual y social que tiene de por si distintas dimensiones que lo ayudan a evolucionar constantemente para así lograr transformar el medio en el que se desarrolla

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